EL BASILISCO
Como suele ocurrir con las bestias mitológicas La expresión ‘Estar hecho un basilisco’ es utiliza para señalar que alguien tiene un gran enfado (al punto de poder llegar a ponerse violento).Hace referencia al ‘basilisco’ una criatura fantástica de la mitología griega que era un híbrido entre una serpiente y un dragón alado que tenía la facultad de poder matar con la mirada y, según los antiguos relatos, como el ‘Naturalis Historia’ de Plinio el Viejo, era un ser sumamente peligroso y agresivo.
Etimologicamente, basilisco significa ‘pequeño rey’ (del griego basilískos) y se le denominó así debido a que dicho animal mitológico se representaba con una curiosa marca blanca en la cabeza que se asemejababa a una corona de rey.
El origen del basilisco se pierde en el tiempo. Aunque las antiguas culturas nos han legado su creencia a través de leyendas o mediante manifestaciones artísticas, es gracias a la tradición escrita como mejor han podido rastrearse su evolución morfológica y trayectoria histórica.
Así, para los antiguos egipcios, el basilisco nacía de los huevos del ibis y en el Antiguo Testamento pueden encontrarse referencias al basilisco en cuatro libros. En general, ya en los umbrales del s. I d. C., el animal es descrito como una forma de serpiente excepcionalmente dañina, concepto que han logrado perpetuarse hasta bien entrado el s. XVIII debido a su inclusión durante la Edad Media en los tratados naturalistas.
Para los griegos, este animal era muy temido por sus efectos nocivos sobre el hombre. De esta época data ya lo que de él se dice de terrorífico, pues exhalaba por la boca grandes llamaradas de fuego ocasionando que las plantas se marchitasen, se quemasen los pastos, se resquebrajasen las rocas y las aguas se impregnasen de letal ponzoña.Sin embargo, la característica que lo hacía más temible es su capacidad para matar a un hombre o animal con sólo dirigir su mirada hacia él. Su similitud con las Gorgonas de la mitología clásica griega es inexcusable. Cuentan muchas leyendas que el basilisco tomaba un rincón de la casa en que penetraba como guarida para esconderse y, desde su penumbra, daba muerte a toda persona que lo miraba. En este hecho tiene su origen la antigua creencia de que, para limpiar una casa de su presencia, la medida más eficaz consistía en llenar la casa de espejos, para que él mismo se causara la muerte al ver reflejada su propia imagen. Precisamente, del mundo heleno nos ha venido una leyenda que refiere que Alejandro el Magno llegó a dar muerte a uno, valiéndose del ardid de que este se viera a sí mismo reflejado en su escudo, cuyo metal había hecho limpiar en extremo previamente.
Entre los romanos, son también varios los autores que hablan del basilisco, entre ellos, Plinio, Solino y Pomponio Mela. Plinio el Viejo (siglo I d. C.) lo describe en su Historia Natural como un híbrido resultante de la unión de una serpiente con un gallo, el cual, al cumplir los siete años, ponía un huevo deforme y veteado que era incubado por un sapo durante otros nueve y que, al nacer, presentaba aglutinadas las características de sus progenitores: cabeza de gallo, cuerpo de sapo y cola de serpiente; su tamaño no rebasaba los doce dedos de longitud y su debilidad era el olor de la comadreja, que podría llegar a matarlo.Durante la Edad Media, los bestiarios con fines moralizadores son comunes en toda Europa. En realidad, se trataba de burdas copias o torpes versiones del clásico Physiólogus, bestiario griego consistente en una compilación de narraciones con fines moralizadores, en las que aparecen unos animales confundidos con otros, como es el caso de identificar un rinoceronte con un unicornio.Es durante el Medioevo cuando esta criatura experimenta un cambio en su morfología, pasando a ser una suerte gallo de cuatro patas, plumas amarillas, grandes alas espinosas y cola de serpiente terminada en garfio. Se ha constatado otra versión de este tipo de gallo, que lo describe con cabeza de serpiente, dotado de ocho patas y cubierto de escamas en vez de plumas.El obispo San Isidoro de Sevilla (556-636), inspirándose en Plinio el Viejo, describe al basilisco en un apartado de su grandiosa obra las Etimologías (634) como el rey de las serpientes, y llega a afirmar de él que, además de estar capacitado para inocular un veneno mortal, los reptiles se someten a él por efecto de su peligrosa mirada, que asesina a quien lo mira directamente a los ojos.
Pierre de Beauvais, en su Bestiario, redactado hacia el 1206, basándose probablemente en un bestiario latino o en alguna de las descripciones que contiene el Physiólogus, nos describe la génesis de esta maléfica criatura de una forma diferente a la anterior, muy próxima también a la descrita por Plinio.
Al lado de esa creencia, durante la Edad Media circulaba también otra explicación con respecto a su origen, según la cual, el basilisco nacía al eclosionar un huevo puesto por un gallo e incubado por una serpiente y tenía cuerpo de gallo, lengua de serpiente y cresta. Esta otra versión del origen de la bestia mitológica es consecuencia de esa tendencia medieval, muy llevada a la práctica en esta época, de plagiar ‘libremente’ los escritos de los clásicos, lo que trajo como consecuencia que todo el saber grecolatino quedase diluido durante siglos en un confuso revoltijo de fuentes secundarias y malas copias

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