CICLOPES
El mundo de la mitología está poblado por seres fascinantes. Basiliscos, unicornios, pegasos, cíclopes, minotauros y otros seres de maravilloso aspecto y prodigiosa naturaleza constituyen la fauna de la imaginación, la biodiversidad de un mundo que nunca fue pero que muchos admiramos y, en secreto, desearíamos que existiera. A ratos se nos olvida que en el mundo real existen animales que, bien vistos, resultan tan estrambóticos como aquellos del mundo de la mitología. Basta observar por un rato a un rinoceronte o una jirafa para darnos cuenta de que lo creado por la evolución biológica supera a lo creado por la imaginación humana.
De hecho, todos los seres mitológicos están basados, con diferentes grados de veracidad, en animales reales. Aqui hablamos de los cicopes :Polifemo, el famoso cíclope que devoró a seis de los más valientes hombres de Ulises, era, de acuerdo con la Odisea, “un monstruo espantoso que no parecíase a los hombres que viven de pan, sino a un pico selvático que en la tierra se aísla y destaca entre todas las cumbres”.
Aunque Homero no describe con detalle la fisonomía de los cíclopes, se les ha representado generalmente como feroces gigantes antropófagos con un gran ojo en la frente. Existen dibujos de cíclopes con dos ojos normales además del frontal, pero la mayoría de las ilustraciones los muestran con un solo ojo de gran tamaño. Casi todas las ilustraciones muestran a los cíclopes con aspecto feroz, en concordancia con la narración de la aventura de Ulises en el canto IX de la Odisea.
Resulta interesante preguntarse cómo pudieron los antiguos griegos llegar a imaginarse un monstruo gigante de un solo ojo. La respuesta tiene que ver con un animal real que parece tan fantástico como los propios cíclopes: el elefante. En el cráneo de los proboscídeos destaca fuertemente una gran depresión justo por debajo de la región frontal; no es otra cosa que un orificio nasal en el que se implanta la trompa característica de estos animales.
Para un lego, sin embargo, el hueco parecería ciertamente una cavidad ocular, el sitio del único ojo de un cíclope. Pero, ¿cómo habrían de toparse los griegos de la antigüedad con un cráneo de elefante? Se argumenta que en las islas del Mediterráneo existieron elefantes hasta hace unos pocos miles de años. Aunque los griegos nunca conocieron un elefante vivo en sus tierras, es posible que hayan conocido los cráneos de estos animales. Al tratar de explicar la extraña anatomía de estos elementos óseos, algún griego particularmente creativo podría haber imaginado que se trataba de cráneos de gigantes de un solo ojo

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